El músculo activo requiere de suministro de oxígeno y tiene reservas energéticas de glucógeno limitadas. En caso de un aumento de la intensidad de la carga aeróbica que requiere más oxígeno que el sistema de transporte es capaz de proporcionar, el tejido muscular activo pasa a un método de obtención de energía anaeróbico, que lleva a un aumento de la producción del ácido láctico y desarrolla una acidosis metabólica.

El lactato reduce la movilización de las reservas de grasa, llevando a un mayor uso de glucógeno como fuente de energía. El factor limitante es la caída crítica de las reservas de glucógeno y la siguiente hipoglicemia sobre todo en el SNC. El resultado es la caída de glucólisis con una reducción de los fosfatos de alta energía.

La acidosis deteriora los impulsos nerviosos, la contractilidad muscular provocando fatiga muscular fisiológica. Se siente pesadez, debilidad, dolor, rigidez de los músculos esqueléticos, etc.

Los músculos cansados y agotados tienden a temblores y convulsiones. La fatiga muscular se manifiesta con disminución de la fuerza muscular, pérdida de velocidad y coordinación de movimientos fina (Nauza).

Si la actividad física es repetida y no se hace un descanso lo suficiente largo para una recuperación completa de los músculos, se produce fatiga patológica aguda (Máček, Vávra) que puede llevar a la insuficiencia circulatoria. La fatiga patológica crónica lleva a la contracción y atrofia de las fibras musculares que son reemplazadas por tejido conectivo.

Lea los resultados de los estudios clínicos siguientes que muestran la eficacia de la magnetoterapia pulsátil de baja frecuencia en el tratamiento de esta patología.

Estudios clínicos según patologías:

Diagnóstico relacionado: Fatiga muscular